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«Al Filo de la Historia» Ep. 4: Ninjas — El Shinobi Real

Ilustración conceptual de un shinobi disfrazado de campesino común

¿Realmente los ninjas vestían de negro y eran asesinos a sueldo?

Se acabaron los mitos del ninja de película. En el cuarto episodio de Al Filo de la Historia, Mique Caleb y Nicolás Rodríguez recibieron a Marcelo F. Gularte, instructor de Ninpo con 33 años de trayectoria, para desarmar —literal y figuradamente— todo lo que creíamos saber sobre los shinobi, con una muestra en vivo de las herramientas reales que usaban.

Línea de tiempo del stream

  • 1:30 — Bienvenida al programa: el tema del día es el ninjutsu, los ninjas y los shinobi.
  • 1:48 — Presentación del invitado: Marcelo Gularte, instructor de Ninpo.
  • 3:57 — Marcelo cuenta cómo empezó en el ninjutsu en 1988, de casualidad, al bajarse de un colectivo en Buenos Aires.
  • 6:00 — Su primer viaje a Japón a los 25 años y cómo llegó a integrar la familia Ban, de linaje shinobi de Iga y Koga.
  • 9:21 — El verdadero origen de la palabra «shinobi»: una persona común, comparable a un gaucho argentino.
  • 10:59 — El mito de que ninja y samurái eran bandos opuestos: en realidad, el shinobi era un samurái.
  • 13:57 — Cómo el teatro Kabuki inventó la imagen mística y asesina del ninja.
  • 15:01 — Iga y Koga: dos clanes vecinos que en realidad eran aliados, no enemigos.
  • 20:35 — Primera pieza que muestra Marcelo: la kama, la hoz agrícola convertida en arma.
  • 23:09 — Los «son hashi» (palitos para lanzar) y el mito del acero: por qué los shinobi preferían tirar piedras.
  • 25:09 — Primer audio de oyente: ¿dónde da clases Marcelo?
  • 25:37 — Segundo audio: sobre Miyamoto Musashi y su libro «Los Cinco Anillos».
  • 27:53 — La historia real del «Samurái Cordobés», el hombre que enfrentó a cinco ladrones con una katana en 2015.
  • 32:23 — Marcelo muestra la katana shinobi y su wakizashi personal, forjado en Japón.
  • 33:29 — Por qué el shinobi usaba wakizashi y no katana: una cuestión de estatus social y de espacio.
  • 41:14 — Ganchos de carnicero, tijeras de jardín, hebillas de pelo y anzuelos de pescador: las verdaderas «armas ninja».
  • 45:35 — De dónde viene realmente el nombre «ninja»: del teatro Kabuki, no de la vida real.
  • 46:57 — Por qué era más lógico tirar monedas de hierro que shuriken de acero forjado.
  • 47:26 — El kunai real: una herramienta de jardinería, no el cuchillo arrojadizo de los videojuegos.
  • 50:01 — La «katana escondida» dentro de un bastón, inspirada en el videojuego Tenchu.
  • 51:44 — Miyamoto Musashi y los duelos de la era Edo.
  • 56:26 — Audio de oyente: ¿existió la mujer samurái?
  • 59:00 — La kunoichi: mito versus realidad, y por qué el wakizashi era más práctico para una mujer.
  • 1:12:04 — Qué es el ninjutsu real: buyutsu (combate) versus shinobiutsu (supervivencia, agricultura, espionaje).
  • 1:13:03 — Las verdaderas estrategias del shinobi: sembrar discordia, incendios y pólvora.
  • 1:20:01 — Por qué la cultura popular convirtió al shinobi en una figura oscura o «mala».
  • 1:27:01 — Cómo Japón cambió sus costumbres después de la Segunda Guerra Mundial.
  • 1:32:28 — Cierre del programa: dónde encontrar a Marcelo y su dojo en Almagro.

Quién es Marcelo Gularte, el invitado de esta noche

El invitado de este cuarto episodio fue Marcelo F. Gularte, instructor de Ninpo con 33 años de trayectoria ininterrumpida. Empezó en 1988, probó varias artes marciales antes de encontrar su camino, y desde 1996 viaja casi todos los años a Japón para entrenar. Hoy es el representante en Argentina de la familia Ban, un linaje shinobi de casi 500 años de historia con raíces en los clanes de Iga y Koga, y también fue representante de Sudamérica de otra escuela tradicional. Da clases en su dojo de Almagro, sin publicidad, sin redes sociales y sin página web — «como un verdadero shinobi», según él mismo bromeó al aceptar la invitación al programa.

Un dato curioso que quedó flotando en el chat: varios miembros del equipo de Amaterasu son alumnos de Marcelo desde hace años, y fue justamente por ese vínculo que aceptó ir al programa, después de rechazar otras invitaciones similares en el pasado.

El shinobi era un gaucho japonés, no un asesino de películas

La primera gran desmitificación de la noche fue sobre el propio significado de la palabra «shinobi». Marcelo lo explicó con una comparación perfecta: así como un gaucho es gaucho porque hace tareas de gaucho —cría animales, anda a caballo, le enseña el oficio a sus hijos—, un shinobi era, ante todo, una persona común: un campesino con ciertas habilidades de defensa que se transmitían de generación en generación. No era, como instaló el cine, un asesino a sueldo contratado por señores feudales.

De hecho, remarcó Marcelo, contratar shinobis para asesinatos por encargo era poco práctico en la vida real: si la misión fallaba y el shinobi era capturado, el señor feudal que lo había contratado quedaba expuesto de inmediato. Cada shinobi trabajaba para el beneficio de su propio clan, no como mercenario externo.

El mito del ninja contra el samurái: en realidad, eran lo mismo

Otro de los grandes mitos que cayeron esa noche: la idea de que el ninja era la «contraparte» del samurái, su enemigo natural. En los hechos, el shinobi era un samurái — si tenía que ir a la guerra, se ponía la armadura como cualquier otro y peleaba como uno más. Hattori Hanzo, la figura que la cultura pop convirtió en un ninja sobrehumano, fue en realidad un samurái que supo aprovechar las técnicas shinobi de infiltración, sobre todo durante rescates dentro de castillos enemigos.

Un shinobi no combatía a espada contra decenas de enemigos como en las películas: su verdadera misión era espiar, obtener información y volver sin ser descubierto. Si lo atrapaban, la misión ya había fracasado, sin importar qué tan bien peleara.

Cómo el teatro Kabuki inventó al ninja que conocemos

Si el shinobi real era una persona común vestida como cualquier otra —porque, como recordó Marcelo citando a su maestro, «un ladrón no se viste de ladrón para ir a robar»— ¿de dónde salió la imagen del ninja vestido de negro, encapuchado y armado con una espada recta? La respuesta es el teatro Kabuki, que adoptó esa estética y esa mística de asesino encubierto para sus obras, mucho después de la época dorada del shinobiutsu.

La época de mayor auge del shinobiutsu fue el período Sengoku, la era de las guerras civiles en Japón, cuando los distintos señores feudales (daimios) enviaban espías para recolectar información sobre sus rivales. Con la llegada de la era Edo y la paz, esas técnicas se reconvirtieron para el espionaje interno del shogunato — y ahí es cuando entra en escena Hattori Hanzo.

Ilustración conceptual de un shinobi / ninja disfrazado de campesino común

Iga y Koga: vecinos y aliados, no rivales

Otro mito derribado: los clanes de Iga y Koga, los dos linajes shinobi más famosos, no eran enemigos históricos como sugieren muchas ficciones. Eran dos pueblos vecinos, separados apenas por una montaña, que competían entre sí pero también se aliaban y hasta se casaban entre clanes — algo así, comparó Marcelo, como dos localidades del Gran Buenos Aires.

Herramientas de campo convertidas en armas: el verdadero arsenal shinobi

El corazón del programa fue mostrar, uno por uno, los objetos que un campesino de la época realmente podía convertir en un arma. La primera pieza fue la kama, una hoz agrícola de cosecha a la que se le podía agregar una cadena con un peso o un gancho en la punta — el origen real del arma que hoy conocemos como kusarigama. Con el peso servía para golpear a distancia; con un gancho, para trepar o para recuperar objetos de una fuente de agua.

Después llegaron los «son hashi», unos palitos de madera similares a los palillos chinos que se usaban para lanzar con precisión — y con eso Marcelo desarmó uno de los mitos más repetidos sobre el shuriken. El acero, explicó, era carísimo en la época: gastar todo ese material en una estrella para lanzar era un despropósito económico. Muchas veces alcanzaba con arrojar una simple piedra, con el mismo efecto práctico. Incluso el origen de algunos shuriken, contó, estaba en placas cuadradas robadas de los techos de las casas, perforadas en el centro y reutilizadas como arma arrojadiza.

La verdadera historia del Samurái Cordobés

Antes de seguir mostrando piezas, Nicolás trajo una historia bien argentina: la del «Samurái Cordobés», un obrero metalúrgico de 49 años que en 2015 enfrentó a cinco delincuentes que entraron a robar a su casa en barrio Norte, Córdoba. Amenazada su familia, tomó la única katana decorativa que tenía en el comedor y logró herir a varios de los asaltantes, que terminaron chocando el auto en el que escapaban a quince cuadras de distancia, todos ensangrentados.

El caso se hizo viral en su momento, con pósters no oficiales estilo afiche de película circulando en redes. Años después, el propio protagonista dio una entrevista donde remarcó, con humildad, que no se creía «ningún dios como para tomar la vida de nadie» — un cierre que a los conductores del programa les pareció tan potente como cualquier diálogo de una película de samuráis.

Por qué el shinobi usaba wakizashi y no katana

Llegó el momento de mostrar la pieza central de la noche: una katana shinobi, más corta que una katana tradicional y con proporciones similares a un wakizashi, aunque con una vaina de estilo más clásico. Marcelo aclaró que este tipo de piezas son en gran parte de ficción moderna — el arma que realmente podía llegar a portar un shinobi era directamente un wakizashi, la espada corta.

La razón es puramente práctica: una katana medía unos 70 centímetros de hoja y costaba una fortuna, un símbolo de estatus que la mayoría de los campesinos —incluidos muchos shinobi— jamás podían pagar. El wakizashi, en cambio, era mucho más accesible y cumplía una función parecida a la del facón del gaucho argentino: servía tanto para el trabajo cotidiano como para la defensa personal.

Ganchos de carnicero y tijeras de jardín: el arsenal cotidiano

El resto de las piezas que Marcelo trajo terminaron de demostrar la idea central del programa: ganchos comunes de carnicero para colgar carne, que con una soga se transformaban en arma; una tijera de jardín común; el yute, una pieza de metal que la policía japonesa de la era Meiji usaba para desarmar a alguien con espada; hebillas de pelo (kanzashi) que las mujeres podían arrojar en caso de necesidad; y hasta un pequeño gancho de pescador, el mismo que usa cualquier pescador japonés para sostener un pez, que también servía como arma de último recurso.

El mensaje de fondo, remarcado varias veces durante la noche: el verdadero shinobi no llevaba un arsenal especializado y místico. Usaba las mismas herramientas agrícolas y domésticas de cualquier persona de su época, adaptadas con ingenio cuando la situación lo requería.

Ilustración conceptual de herramientas cotidianas usadas como armas por los ninja / shinobi

El kunai real no se parece en nada al de los videojuegos

Uno de los mitos más queridos por los fans de la cultura pop cayó con fuerza esta noche: el kunai, popularizado por videojuegos y animes como un cuchillo arrojadizo con forma de daga, era en realidad una herramienta de jardinería para cavar pozos pequeños. Se podía usar para hacer un agujero en una puerta o en un piso durante una misión de infiltración, pero no estaba pensado como arma arrojadiza — de hecho, ni siquiera tenía la forma aerodinámica necesaria para volar con precisión.

Sobre el final de este bloque, Marcelo también aclaró otro mito instalado por el cine: el del shuriken envenenado que mata al instante. Ningún veneno funciona así de rápido, explicó, y manipular una punta envenenada era además un riesgo enorme para el propio shinobi. Un shuriken clavado en el cuerpo apenas penetra unos centímetros — su función real no era matar, sino distraer lo suficiente como para poder escapar.

La katana escondida y otras rarezas (con permiso de los videojuegos)

No todo fue desmitificación esa noche: algunas curiosidades de la ficción resultaron tener una base real. Marcelo mencionó la existencia de espadas ocultas dentro de bastones de aspecto inofensivo — muy similar a lo que Mique recordó de un jefe del videojuego Tenchu 2, un anciano con un bastón de madera que escondía una hoja curva. Este tipo de armas disimuladas sí formaba parte del repertorio shinobi, siempre bajo la misma lógica: parecer inofensivo para no ser identificado.

Miyamoto Musashi y los duelos de la era Edo

Un oyente preguntó por Miyamoto Musashi, el samurái autor de «El libro de los cinco anillos» y posiblemente el duelista más famoso de la historia japonesa. Nicolás ubicó su figura en contexto: apareció a comienzos del 1600, justo cuando arrancaba la era Edo y, con ella, la paz. Sin guerras que pelear, muchos samuráis aburridos empezaron a retarse a duelo por deporte y prestigio — y ahí floreció la leyenda de Musashi, que según se cuenta ganó su primer duelo siendo apenas un adolescente, usando solamente un bokken, la espada de entrenamiento de madera.

¿Existió la mujer samurái? La verdad sobre la kunoichi

Otro tema que generó varios audios de oyentes fue la existencia de mujeres samurái y ninja (kunoichi). Marcelo fue honesto sobre los límites de la evidencia: dentro de su escuela, la transmisión de conocimiento se basa en registros escritos, y no hay documentación firme de mujeres shinobi en combate — aunque sí existen historias orales, transmitidas de generación en generación, que hablan de mujeres samurái en algunos ejércitos.

Un oyente aportó un dato concreto: Nakano Takeko, una mujer que habría liderado una unidad especializada de guerreras, aunque su arma principal no era la katana sino la naginata, una especie de lanza con hoja curva del tamaño de un wakizashi. Marcelo y los conductores coincidieron en que, más que un mito inventado, probablemente se trata de una historia real que el machismo de la época simplemente no registró por escrito con el mismo detalle que a los hombres.

Sobre el mito de la kunoichi como «espía seductora» que popularizaron películas como la de Zatoichi, Marcelo fue tajante: es una imagen bastante patriarcal de la época, donde la mujer cumplía un rol específico dentro de una sociedad profundamente desigual. También surgió una explicación práctica sobre por qué el wakizashi era especialmente útil para la defensa personal femenina: las casas japonesas de la época eran bajas y reducidas —acordes a una altura promedio de entre 1,60 y 1,70 metros—, así que un arma larga como la katana necesitaba espacio para maniobrar, mientras que el wakizashi permitía defenderse con eficacia dentro de un ambiente cerrado.

Buyutsu y shinobiutsu: las dos mitades del verdadero ninjutsu

Hacia el final del programa, Marcelo explicó cómo se estructura realmente el arte que enseña. Se divide en dos grandes ramas: el buyutsu, la parte de técnica marcial pura —combate cuerpo a cuerpo, manejo de armas, agarres—, y el shinobiutsu, mucho más amplio y menos conocido, que incluye agricultura, cocina, natación con equipo pesado, técnicas para trepar, hacer pólvora, y hasta medicina básica. Los seminarios intensivos con su maestro en Japón llegan a durar una semana entera, con entrenamientos de siete de la mañana a dos de la madrugada.

Dentro de esa formación también entra el entrenamiento del cuerpo para resistir el dolor —técnicas como el iai-tai («preparar el cuerpo para el dolor») y el kongo-tai («cuerpo de diamante»)— y una práctica espiritual llamada kuji-kiri, un ritual de nueve sellos con las manos para invocar protección, ligado a la mezcla entre sintoísmo y budismo que caracteriza buena parte de la cultura japonesa tradicional.

Las verdaderas armas del shinobi: sembrar caos, no espadas

Para cerrar el bloque de historia, Marcelo compartió las estrategias que un shinobi realmente utilizaba para cumplir una misión — y ninguna se parece al combate directo de las películas. Una de las más comunes era la guerra psicológica: sembrar rumores y hablar mal de un objetivo con distintas personas hasta generar un clima de desconfianza generalizado, una técnica que, señaló con ironía, sigue perfectamente vigente en la política actual.

También se usaban incendios provocados y pólvora real para generar distracciones, y —esto sí fue una sorpresa para varios— hasta ceniza volátil arrojada a la cara del enemigo, una técnica distinta de la clásica bomba de humo. Pero la prioridad número uno de cualquier shinobi antes de emprender una misión, remarcó Marcelo, no era el combate: era planificar la vía de escape. Si la misión fallaba o el shinobi caía capturado, la información nunca llegaba a destino — el verdadero fracaso no era morir peleando, sino no completar el objetivo.

Por qué el cine convirtió al shinobi en una figura oscura

Sobre el cierre, Marcelo dejó una reflexión que conectó todo el programa: el ser humano, frente a lo desconocido, suele reaccionar de dos maneras — burlarse de eso, o directamente destruirlo por miedo. Con el shinobi pasó lo segundo: al ser una figura oculta y difícil de entender, la cultura popular terminó asociándola automáticamente con la maldad, sin necesidad de pruebas.

La charla cerró con una nota histórica sobre el propio Japón: recién después de la Segunda Guerra Mundial, bajo presión de Estados Unidos, el país empezó a adoptar costumbres más occidentales y liberales — un cambio que en muchas zonas rurales, más apegadas a las tradiciones, tardó décadas en asentarse.

El verdadero shinobi no necesitaba una espada mágica

Después de una hora y media desmontando mitos, el mensaje de este cuarto episodio de Al Filo de la Historia quedó clarísimo: el ninja real no era un asesino sobrehumano vestido de negro, sino una persona común con ingenio, disciplina y las herramientas que tenía a mano. Esa honestidad histórica, contada por alguien que dedicó 33 años de su vida a estudiarla, vale más que cualquier ficción. Los esperamos todos los sábados a las 21 hs por Ateneo Stream para el próximo episodio.

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